Misionera en Siria relató su experiencia en medio de la guerra

guadalupeAcompañada por imágenes impactantes y con un testimonio conmovedor, la hermana Guadalupe, misionera en la ciudad de Alepo, Siria, brindó una charla en la parroquia Inmaculada Concepción acerca de cómo se vive la guerra desde adentro, e invitó a rezar por quienes la padecen.

La religiosa pertenece al Instituto Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, de la familia religiosa del Verbo Encarnado, surgida en San Rafael, Mendoza, y está en Bariloche por cuestiones personales. Aprovechando la ocasión, fue invitada por el párroco de la Inmaculada, Jorge Pliauzer, a contar su experiencia, actividad que se concretó este miércoles a las 20 hs. ante un numeroso auditorio.

La hermana Guadalupe explicó que Alepo, ubicada a unos 300 km, de la capital, Damasco, es el centro comercial de Siria. Antes de la guerra tenía 5 millones de habitantes y era una sociedad empresarial, opulenta, de clase media alta, donde no había desocupación, ni problemas de inseguridad. La localidad tenía un diseño muy moderno, que la hacía parecer extranjera. Pero todo eso quedó en ruinas con los bombardeos.

La localidad fue asediada por un año, hasta que las bandas de terroristas lograron entrar. Fueron tomando algunos barrios, y desde allí atacan, sobre todo, a los sectores habitados por mayorías cristianas, ya que las facciones violentas del Islam buscan eliminar el cristianismo del mundo árabe.

Una guerra financiada desde afuera

La hermana indicó que Siria tiene una ubicación comercial estratégica porque es paso obligado entre Asia y Africa, además posee petróleo y antes de la guerra no tenía deuda externa. Desde hace 50 años es gobernada por la misma familia, que es minoría y pertenece a una rama moderada del Islam, los alauitas. Por ser moderados, no impusieron la ley islámica como ley civil, lo que permite la convivencia pacífica de los musulmanes con minorías como la cristiana, situación que no ocurre en otros países de Medio Oriente, donde éstos últimos son discriminados y perseguidos.

El gobierno es dictatorial, pero la religiosa aclaró que en Siria no se les ocurriría vivir en democracia, porque no la conocen, y advirtió que no se puede juzgar al mundo árabe con ojos occidentales. Aclaró, asimismo, que los medios internacionales tergiversan la realidad, y que incluso muestran como manifestaciones en contra del primer mandatario a las movilizaciones que se realizan en su favor. “No es que Bashar Al Assad sea el mejor presidente, pero la gente prefiere el mal menor, y el pueblo no quiere la guerra”, señaló.

La revolución comenzó hace tres años en un pueblito al sur del país. “Las noticias internacionales decían que el pueblo salió a la calle a pedir pacíficamente que el presidente deje su cargo”, refirió Guadalupe. Pero no fue así, “hubo violencia, terrorismo de manos de los fundamentalistas

musulmanes, que no eran numerosos”. La revolución fue realizada “por un grupo de militares alimentados desde afuera, incluso con militantes extranjeros, que se distinguían fácilmente por el idioma”, porque el árabe que se habla en Siria no es el mismo que el que se habla en otros países. Luego, hubo una fuerte represión estatal.

Los más afectados por los ataques, desde entonces, son los alauitas y los cristianos. Los primeros por no aplicar la ley islámica con rigor y permitir la existencia de minorías, los segundos, por no ser islámicos.

Perderlo todo

La ciudad de Alepo fue rodeada por bandas de terroristas y sitiada durante un año, haciendo muy difícil que personas y mercaderías pudieran entrar o salir. Así, una sociedad que vivía cómodamente, se enfrentó al desabastecimiento. “Esta gente lo tenía todo y de un día para otro no tenía electricidad”, relató la hermana. Desde entonces, el suministro eléctrico es habilitado esporádicamente, por el plazo de una hora.

Durante el sitio hubo que comer arroz, fideos y enlatados, porque no había alimentos frescos. Se terminó el combustible y ya no hubo como calentarse en el frío invierno, dejaron de circular los vehículos y la gente sintió que la estaban matando de a poco.

La zona periférica, donde se alojaban fábricas y empresas, fue destruida. Después, los terroristas entraron a la ciudad y fueron tomando algunos barrios estratégicos, desde los que atacan a los demás. “Cuando toman un barrio, entran directamente matando en las casas. A veces avisan en las mezquitas y la gente se va con lo puesto, les dan dos horas”, señaló la hermana.

Las escuelas y la ciudad universitaria se convirtieron en centros de refugiados. Miles de personas fueron expulsadas de sus casas, o las perdieron porque fueron destruidas por los misiles y bombas que desde hace dos años son arrojados constantemente sobre los sectores que aún no fueron ocupados.

La gente empezó a vivir en las calles, pasando por situaciones dramáticas, como la de una mujer que tuvo que dormir en una plaza y perdió a dos hijos, de dos y cuatro años, que murieron de frío la misma noche. A esto se fueron sumando las víctimas de los bombardeos, que ocurren a cualquier hora del día, con armas que no sólo destruyen edificios, sino que distribuyen esquirlas en las ondas expansivas, para hacer el mayor daño posible a la población. “¿Qué tiene esto de guerra civil, si el perjudicado es el pueblo?”, se preguntó la religiosa.

Una fe firme

Los ataques no impiden que la población salga de sus casas, porque la vida debe continuar, es necesario hacer la cola para comprar el pan, y los chicos volvieron a clases a pesar de las balas perdidas, los francotiradores y los bombardeos.

Entre la población cristiana, los riesgos aumentan, porque sus barrios son los blancos preferidos de los extremistas. Sin embargo, la gente sigue asistiendo a misa. En Navidad, llueven bombas sobre las iglesias, pero eso no impide que los templos estén muy concurridos.

Los cristianos secuestrados son presionados para convertirse al islam, y hay numerosos casos de personas que, aún sin ser practicantes, resisten y logran defender su fe, sin saber muy bien de dónde le vienen la fuerza y las palabras necesarias. Estas situaciones están siendo registradas por una comisión conformada por la Iglesia.

Las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará viven en un barrio de minoría cristiana, por lo que no está tan afectado. Sin embargo, su Catedral fue bombardeada el día del aniversario de su inauguración, un 15 de enero. El ensayo del coro había terminado unos minutos antes, y no hubo que lamentar víctimas dentro de la Iglesia, aunque fuera del templo la situación sí fue trágica. Enseguida se armaron equipos de trabajo para limpiar el lugar y reconstruirlo, lo que demoró varios meses. Desde entonces, aumentó el número de personas que asisten al rosario y a la misa diaria.

En este contexto, las parroquias son uno de los pocos lugares donde la gente puede congregarse, así que, después de la misa, se mantienen reunidos para conversar. En la parroquia asistida por las hermanas los jóvenes juegan metegol y ping pong, mientras que las mujeres y los hombres se reúnen en grupos separados –como es la costumbre -, para hablar de lo que les preocupa. Estas actividades son realizadas en el subsuelo del obispado, que es el lugar más seguro. Allí también se realizan ejercicios espirituales para jóvenes y adultos y cursos de idiomas. Cuando amainan los bombardeos, llevan a los niños a jugar al patio de las carmelitas, en un terreno contiguo.

Lo único importante

Guadalupe comentó que, al ser una ciudad próspera, Alepo era también muy mundana, y que la guerra cambió la perspectiva de muchos cristianos, que ahora viven de acuerdo a su fe. En la charla mostró fotos de jóvenes muy felices, “con sonrisas que no son de Facebook”, aseguró. Eran fotos actuales, de chicos que sonríen a pesar de todo.

“El contacto con la muerte les cambió la vida, sobre todo a los jóvenes, porque tienen que pensar que hay un cielo y un infierno y preguntarse ¿qué va a pasar conmigo después de la muerte?”, señaló. “Uno se va a dormir y no sabe si se va a levantar mañana, entonces, aprovecha el día, porque a lo mejor es el último día”.

Guadalupe aseguró que los cristianos de Alepo “entienden que Dios está permitiendo la guerra y que la tienen que aprovechar”, y que dicen “esta guerra es terrible pero de alguna manera, como cristianos, necesitábamos una purificación, porque estábamos demasiado apegados a las cosas materiales”. También afirman que “ahora hemos descubierto lo único importante, que es Dios”.

Pidan al mundo que mundo rece

Guadalupe aseveró que, si los cristianos de Siria son fuertes, es porque los sostiene la oración, propia y ajena. “Pídanle al mundo que rece”, es el pedido que hacen por intermedio de los religiosos que han salido del país. Los sirios consideran que la jornada de oración convocada por el papa Francisco logró parar los bombardeos, y confían en que se siga rezando por ellos. “Ellos atribuyen el que no haya más desastres al poder de la oración, la de ellos y la de ustedes”, reiteró la religiosa.

Los interesados en seguir los avatares de la situación en Alepo pueden ver la página de Facebook SOS Cristianos en Siria. Allí, cuando la situación lo permite, se publican novedades de la misión.

4 comments

  1. Rodolfo dice:

    Muy buena la página!

  2. sonia larsen dice:

    oro por uds. bendiciones

  3. Adolfo Dominguez dice:

    Es un relato impresionante. Una de las cosas que me llama la atención es como las agencias de prensa internacionales distorsioan la verdad y la ingerencia de potencias en asuntos propios de países. Oro por todas estas personas que sufren tanto.

  4. jorge rovera dice:

    Dios te pido PAZ para ese lugar PAZ para los niños PAZ para los ancianos y bendiciones ofresco oracion MISERICORDIA SEÑOR graciS sEÑOR –bLANCA::

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *