“María, madre de la misericordia, ampáranos”

20160828_180257Ese fue el lema de una nueva Peregrinación a la gruta de la Virgen de las Nieves que congregó a fieles de toda la Diócesis como cada año.

Aquí la Homilía de Mons. Juan José Chaparro.

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“María Madre de la Misericordia, ampáranos”

“María Madre de la Misericordia ampáranos” Es el lema de la peregrinación en este año y es lo que siempre ora nuestro pueblo, cuando camina o se acerca a esta gruta, que es un lugar de vida. Ampara a nuestros seres queridos, a nuestros enfermos, a los que ya no están. Cuida a nuestros muchachos, a los niños a los ancianos.

“María madre de la misericordia ampáranos”. Una vez más venimos como pueblo de Dios, laicos, agentes pastorales, sacerdotes, consagrados, obispo…para expresar nuestra fe en que Dios es rico en misericordia y está cerca de los que sufren, de los que están solos, de los que esperan en El. Nuestra Señora de las Nieves es el rostro de esa misericordia de Dios en este lugar. Ella nos espera, nos abraza con su amor, nos congrega, nos hace más hermanos…

“María madre de la misericordia ampáranos”. En este año santo de la Misericordia, que la Iglesia nos regala en la persona del papa Francisco, María Santísima nos contagia la misericordia para que también nosotros seamos misericordiosos como el Padre…María siempre abre el corazón, nos hace más fraternos, más solidarios, más preocupados por los demás. Si la tenemos como Madre ella cuidará nuestra casa, que es la familia, el barrio, la ciudad, el campo…

Venimos a unirnos con Dios y la Virgen, los hermanos y hermanas de tantas partes. Y la creación entera nos rodea y penetra, como un signo de que somos parte de esta inmensa creación de Dios, para que aprendamos de Él a cuidarnos, a cuidar la vida humana, a cuidar la vida toda. Cada vez que dañamos algo, dañamos la vida toda. Cada vez que cuidamos a un ser humano, a una planta, al lago, cuidamos la creación entera de Dios. Señor enséñanos a cuidar la vida.

En el Evangelio de hoy Zaqueo peregrina y busca a Jesús. Era jefe de cobradores de impuestos,  posiblemente un corrupto que se aprovechaba de los más débiles. Era rico pero insatisfecho de la vida. Y Zaqueo es una figura de la humanidad: las diversas necesidades (trabajo, pan, salud….), los que a veces están llenos de cosas pero con el corazón vacío, los que buscan felicidad por caminos equivocados, y también estamos todos nosotros, que peregrinamos a Jesús el Señor.

Y Jesús se hace encontradizo. “Quiero alojarme en tu casa”, le dice a Zaqueo, quien sorprendido le abre su  casa y su corazón. Y en este encuentro experimenta la misericordia de Dios que lo busca. De tal manera que cambia su vida: dona la mitad de sus bienes a los pobres y devolverá cuatro veces más si perjudicó a alguien… Es decir: la muestra de que Dios llegó a su vida es que abrió su corazón a los demás, resarciendo lo que había dañado y ejerciendo la solidaridad.

Celebramos este añosanto de la misericordia como una bendición. Un año para dejarnos encontrar por el Dios misericordioso (Francisco insiste en que tenemos que pasar de una iglesia moralista a una Iglesia misericordiosa comprensiva de los caminos de los hombres, sin juzgar y castigar como si fuéramos mejores.).  Es posible que nuestra vida no se haya convertido 100 por ciento en este año, quizás nos quedamos en intentos, quizás hemos intentado crecer en las obras de misericordia, personalmente y como comunidad cristiana. El Papa nos ha mostrado de muchas formas el camino de salida, para encontrarnos con los demás, con los pueblos destruidos, con los que sufren, con todos…

Por supuesto, es una dirección que no debemos abandonar. Dejarnos llenar por la misericordia de Dios, pedirla, para salir al encuentro delos demás como Jesús. También como comunidades, entrelazando fuerzas, superando los individualismos, aprovechando las cualidades de todos, para ver cómo estar más cercanos del que sufren en este mundo. Y no solo eso: unirnos a tantas iniciativas buenas que hay por el bien de los demás. Como los que trabajan por lo niños abandonados o sin recursos, los ancianos, etc.

El papa Francisco nos decía en un mensaje hace poco a los argentinos. “Pónganse la patria al hombro”. Quiso decir que depende de nosotros, de todos y de cada uno,  la vida de la ciudad, del lugar, de la patria. El Papa necesita menos admiradores y más seguidores.

Los cristianos aún no ponemos en juego en nuestra sociedad los valores del Evangelio que seguro traerían nueva vida a la Patria. No basta condenar lo que está mal. Sino aportar humildemente  pero con coraje esa fuerza en el entramado de la sociedad.

Se aporta con el amor a familia, con la cercanía y respeto de los vecinos, con la construcción de un barrio mejor, en la escuela, en los gremios, en todos lados. Los padres, maestros y profesores, nunca bien reconocidos en la sociedad por su aporte a la vida. Los científicos,  que también son una riqueza en nuestro lugar, los artesanos y, por supuesto, los que gobiernan, convirtiendo su corazón especialmente a los que más sufren las dificultades, con la creación de trabajo, con la posibilidad de techo y tierra para todos.

En este tiempo pedimos por la vida en nuestra zona y región, por la vida para todos y especialmente para todas, vida digna, pan, trabajo, dignidad, porque Dios es el Dios que ama la vida. “Señor que amas la vida…”, dice el Libro de la Sabiduría que proclamamos. Nos duele la muerte y todo tipo de muerte que se ejerce sobre los demás: los asesinatos, la violencia contra la mujer, los que no tienen trabajo, los que no pueden llevar el pan a su casa. Nos duele el descuido y los atropellos contra la naturaleza toda. Nos duele también que algunos tengan tanta tierra y otros nada ni para vivir.

Reclamamos contra toda muerte injusta. Queremos justicia entre nosotros. No queremos la muerte, ni la impunidad, ni la corrupción, ni la droga que mata. Queremos vida digna para todos: niños, jóvenes, ancianos.

“Virgen de las Nieves, madre dela misericordia, ampáranos”. Cuida a nuestro pueblo. Amén.

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